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Sapag: del Líbano a Neuquén. Genealogía de una pasión.

Escrito por LuisPosted in: Libros


Diez años de investigación, plasmados en un libro sobre la historia de mi familia. 

Me interesaba no sólo rescatar sus orígenes, la historia del Líbano profundo, las razones del drama de la emigración y las dificultades de la colonización de la Patagonia, sino también comprender las raíces del protagonismo político que lograron Elías, Felipe (mi padre), Amado y José Sapag en la construcción del Neuquén moderno.

(Publicado por Editorial Sudamericana. Ilustraciones de Sanyú. 544 páginas. Ficha del libro: click aqui)

 

Prólogo por Enrique Oliva

Las ilustraciones de Sanyu

 

Prólogo por Enrique Oliva

Esta es una historia ancestral que confluye en una familia de humildes inmigrantes libaneses llegados al territorio neuquino de principios del siglo pasado, que sin saberlo se convertirían, a lo largo del tiempo, en actores de creativas transformaciones políticas, económicas y sociales, y alcanzarían trascendencia en el resto de la Patagonia y el país.
         Como tantos trabajadores y desocupados atraídos por las enormes extensiones fértiles y casi despobladas de Argentina y otros países que comenzaban su organización nacional, el matrimonio de Canaán Sabbagh y Nacira Khalil llegó, en 1913, a Neuquén. Traían a su primer hijo de dos años de edad, Elies ibn Canaán al Sabbagh. Como era usual, las autoridades de Migraciones simplificaron los nombres según su entender y el apellido Sabbagh se transformó en Sapag. El niño, registrado como Elías Sapag, con el correr de los años sería un prominente político, senador nacional por casi tres décadas. Luego vendrían los otros, que de una u otra manera contribuirían a forjar la identidad del nuevo territorio, aportando el espíritu y la fuerza de la propia historia, sin claudicar. Felipe Sapag, el segundo de los hijos varones de Canaán y Nacira, fue varias veces gobernador de Neuquén. Merced a su sensibilidad, su carisma y gran capacidad de gestión, transformó para bien a su provincia. Aún hoy conserva, a los 90 años, toda la lucidez mental y su reconocida calidez espiritual.
Los Sapag cultivaron una gran independencia de criterios en su actividad política, una rebeldía innata, proveniente de la cultura heredada, del sentido común cultivado en la lucha por sobrevivir con dignidad en las adversidades, tanto en el Líbano como en el Neuquén territoriano. Como tantos inmigrantes e hijos de inmigrantes que, no sin dolor, se integraban a un escenario lleno de desafíos, Elías, Felipe y sus hermanos se dieron de lleno a reforzar los lazos del arraigo, emprendidos por sus mayores, sin darse cuenta de que con su trabajo estaban construyendo parte de la historia de la Patagonia. Comenzaron desde muy jóvenes a comprometerse con los problemas sociales, a combatir la indiferencia de Buenos Aires y de los funcionarios de la capital, que actuaban como oficiales coloniales discriminatorios. En la lucha, sus tradiciones libanesas cristalizaron en la bandera del federalismo, la tradicional consigna de las mayorías del interior argentino, revivida en una nueva y pujante provincia, Neuquén.
Alentado por el testimonio de su padre, Luis Sapag, el hijo mayor de don Felipe, ha rastreado en profundidad los orígenes de sus ancestros, en busca de su propia identidad y la de su “tribu” neuquina. La tarea lo llevó a una minuciosa recorrida por Medio Oriente y, en particular, por el Líbano. Comprobó, hasta donde fue posible llegar, que los Sapag tienen raíces en Yemen. Ese país, como el Líbano, tiene una antiquísima historia de invasiones, pasos de culturas y conquistadores, etnias y creencias llegadas alternativamente tanto del Este como del Oeste, por configurar pasos obligados entre Europa y Oriente. Se asemejan también por su secular rebeldía a las dominaciones extranjeras. Yemen fue una de las primeras naciones de la península arábica en independizarse del Imperio Otomano. También, como el Líbano, resistió a la colonización, camuflada de “protectorado”, por parte de las potencias europeas vencedoras de la Primera Guerra Mundial.
Buena parte de este relato transcurre en un Líbano que no deja de sorprender. Este pequeño pero estratégico territorio es casi treinta veces más chico que la provincia de Buenos Aires. Por él han pasado y dominado en su pasado, tanto fenicios como asirios, egipcios, griegos, romanos, turcos y árabes de distintos orígenes. Aunque la mayoría de sus poco más de sus tres millones de habitantes son islámicos, conviven sin problemas con católicos maronitas y otras varias etnias de creencias orientales, como los drusos. En las últimas décadas sufrió la ocupación por parte de Siria e Israel. No obstante sus recurrentes tragedias, tantas veces destruido y reconstruido, el Líbano y su gente mantienen una relevante presencia política, cultural y económica en todo el mundo, gracias a su historia y su cultura, mantenidas vivas en todo el mundo por los inmigrantes y sus descendientes que, como el autor de esta obra, sienten orgullo por sus orígenes.
         Desde antaño, y hasta el dramático presente, el mundo occidental se niega a comprender la legitimidad de las tradiciones políticas orientales y sus organizaciones sociales, en donde el núcleo esencial es la familia y sus vínculos, donde prima el sentido de la solidaria confraternidad, tolerancia y convivencia. Con elegante lenguaje, Luis Felipe ha sabido interpretar los sueños y padecimientos de los emigrantes del Líbano en la aventura de insertarse en medios tan diferentes, generalmente de clima riguroso, con pocos habitantes y con idiomas distintos.
         En esta Genealogía de una pasión, el autor destaca, junto a virtudes y hechos pintorescos, la formidable complementación de sus mayores, el indisoluble y pertinaz equipo que conformaron hombres y mujeres, sin cuya base los aportes de la ciencia y las nuevas tecnologías no servirían para mucho. En ese camino, el libro valoriza la amistad, las alegres mesas y generosas sobremesas, los hábitos, costumbres y escalas de valores morales ejercidos como hábitos arraigados y no como actitudes pasajeras.
Como hijo de inmigrantes andaluces, cuyas tierras vivieron siete siglos de ocupación islámica, he leído y disfrutado con emoción el realismo y colorido que el autor recrea en sus relatos familiares, en muchos aspectos similares a los que puedo contar respecto de mis ancestros. Mis padres también llegaron a la Argentina, apenas comenzado el siglo XX, y padecieron las situaciones sociales, económicas y políticas de esa centuria, trabajando sin descanso, siempre unidos. Como los Sapag originarios, mis padres tenían poca instrucción, pero su cultura heredada y los fuertes lazos familiares les permitieron sobrevivir y superarse.
 
         Valga una experiencia personal. En un vuelo a Beirut conversé con un libanés de mediana edad radicado en Venezuela. Me contó que iba a visitar familiares y a comprar tierra. Como en esos momentos se luchaba en cercanías de esa ciudad capital, notó mi extrañeza. Entonces, muy serio me aleccionó: “Las acciones bélicas se despliegan en las montañas y cerca del aeropuerto de Beirut, que está en la costa. En las montañas el Líbano es el Líbano de siempre, el de las tierras sagradas. Usted quizás no comprenda lo que significa la tierra para nosotros. Sepa que un libanés se siente feliz solo con ser dueño de un espacio donde quepa la pisada de una cabra”.
    Enrique Oliva

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Las ilustraciones de Sanyu

Las ilustraciones de Sanyú

 

Héctor Sanguliano, más conocido como Sanyú, es un amigo de siempre y reconocido dibujante e historietista neuquino. Me hizo el honor de diseñar e ilustrar mi obra.

 

Como ejemplo de las diecinueve piezas que incluye el libro, elegí la que ilustra la llegada de mi madre, Estela Romeo, a Cutral Co.

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